Dejar la carga

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Nº2054 - al de Enero de 2020

El 2019 dejó como principal legado el fin del primer ciclo del Frente Amplio en el gobierno. Terminaron 15 años de un socialismo que no terminó de definirse —a veces moderado y otras radical—, pero que exacerbó el espíritu controlador y reglamentarista del Estado uruguayo. En un país acostumbrado al paternalismo estatal promovido por José Batlle y Ordóñez a comienzos del siglo pasado, la impronta de la coalición de izquierda que ahora deja el poder no sorprendió ni molestó demasiado.

Antes de la primera victoria electoral del Frente Amplio en el plano nacional, en 2004, decíamos que para seguir manejando el socialismo a medias como lo hacían blancos y colorados, quizás era hora de dejar el gobierno en manos de socialistas más avezados en el sistema. Eso sucedió por 15 años, hasta que la ciudadanía entendió que había sido suficiente. Entre los muchos motivos que provocaron el resultado plasmado en las urnas, se encuentra el hartazgo generado por un sistema que no espera para saber cuáles son las libertades que estamos dispuestos a limitar por el bien común, sino que interviene como un ladrón de nuestro albedrío a favor de sus ideas.

El triunfo de la “coalición multicolor”, que encabeza Luis Lacalle Pou, debería ser el comienzo de un cambio cultural más profundo. Es necesario fijar rumbo y avanzar hacia una sociedad que libere el potencial del individuo y del sector privado, que reduzca el gasto, que se integre al mundo en aspectos comerciales y de desarrollo. Es decir, un sistema liberal que se aleje de los socialismos o socialdemocracias que nos dejaron rezagados en casi todo.

Esta semana Lacalle Pou dio una buena señal durante el diálogo que mantuvo con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo. Allí le planteó el interés del gobierno electo en negociar un tratado de libre comercio, ya sea bilateral o a través del Mercosur.

El punto de partida de la nueva administración, sin embargo, no luce alentador. El déficit fiscal alto y las limitaciones presupuestales que genera, el peso desproporcionado del Estado sobre la economía y los niveles de la deuda pública limitarán los movimientos de las nuevas autoridades. La transición dejará más desafíos que certezas a quienes se preparan para gobernar.

En estos días, además, dirigentes oficialistas buscan poner en el centro del debate político si la “coalición multicolor” va a durar mucho o poco. Eso supone desviar la mirada de los temas que realmente deben discutirse.

Lo importante ahora es que la “coalición multicolor” tenga la fuerza para cambiar e ir contra una cultura socializante, para poder despertar del letargo. Un relato oriental cuenta la historia de un viejo que camina muy doblado porque carga sobre sus espaldas un pesado atado de maderas. En un momento aparecen unos jóvenes que, conocedores de la sabiduría del viejo, le preguntan qué lección les puede dar después de tantos años de vida. El anciano deja en el piso su carga, mira al horizonte erguido por un rato y en silencio, luego recoge las maderas y sigue su camino. Los jóvenes obtuvieron su respuesta.

Uruguay también debería aprender la lección: soltar la carga y aprovechar nuestra capacidad para mirar a lo lejos.

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