Harold Torres

ZeroZeroZero, nueva serie de Amazon Prime Video

La trama blanca

3min
Nº2064 - al de Marzo de 2020
Juan Andrés Ferreira

Después de The Wire, de Breaking Bad, de Narcos, de Pablo Escobar, el patrón del mal, de El Chapo, de Fariña y de documentales como Cocaine Cowboys o Capos de la droga, el mundo del narcotráfico continúa ofreciendo material para la ficción. Siendo una muestra más de las relaciones de interdependencia entre todas las existencias (además de la más que ilustrativa pandemia de Covid-19), ZeroZeroZero gravita alrededor de la industria del narcotráfico internacional y los agentes involucrados en ella. “Polvo. Eso es todo lo que ves cuando miras la cocaína. Pero mira más de cerca y verás toda una red”, expresa una voz en off al comienzo del capítulo uno. Y a continuación enumera los agentes que intervienen en esta red: “Compradores, vendedores, intermediarios y usuarios”. De cómo se involucran estos actores, básicamente, es de lo que trata esta nueva producción.

Basada en CeroCeroCero-Cómo la cocaína gobierna el mundo, la exitosa novela de true crime de Roberto Saviano, autor de otro demoledor éxito de ventas, Gomorra, también trasladado a la pantalla chica, ZeroZeroZero es una de las apuestas fuertes de Prime Video, la plataforma de streaming de Amazon, que en esta oportunidad se asocia con las cadenas europeas Sky y Canal Plus. La serie fue creada por Leonardo Fasoli y Stefano Sollima (ambos ya trabajaron juntos en Gomorra) junto a Mauricio Katz (productor de Maniac y The Bridge), gente que lleva tiempo trabajando en la ficción sobre drogas y afines. Tres capítulos fueron dirigidos por el argentino Pablo Trapero, director de El bonaerense, Leonera, Carancho y El Clan, que también es productor ejecutivo de la serie.

A través de ocho episodios de casi una hora de duración, ZeroZeroZero se despliega a través de tres capas. A través de la historia de Don Damiano Minu La Piana (Adriano Chiaramida), un veterano muy mala onda, ciego de un ojo, que vive en un búnker oculto bajo las praderas de Calabria, que sale a la superficie para mostrar que sigue vigente y dar un gran anuncio a los jefes de la mafia local, y la de su nieto (Giuseppe de Domenico), que es bastante más complicado de lo que parece y tiene planes diferentes para el futuro de la empresa familiar. Esto conduce a la segunda línea narrativa, que se traslada a Monterrey (México) y sigue a los soldados de las fuerzas especiales del ejército mexicano que combaten el narcotráfico y están en una guerra despiadada y sin cuartel contra el cartel de los Leyra. Este tramo es relatado desde el punto de vista de Vampiro (Harold Torres), un soldado con un pie dentro y otro fuera del chiquero. La tercera línea de acción se abre con la empresa marítima que se encarga de hacer cruzar el Atlántico la cantidad demencial de cocaína que compró Don Minu y que va escondida dentro de latas de jalapeños en conserva.

Al frente de esta compañía se encuentra Edward Lynwood (Gabriel Byrne), quien trabaja en estrecha colaboración con su hija Emma (Andrea Riseborough). Chris (Dane DeHaan), hijo menor de Edward, padece enfermedad degenerativa que heredó de su madre, ya fallecida, y su padre lo quiere fuera del negocio. Él, sin embargo, quiere meterse, al menos mientras no se agraven los síntomas de su padecimiento.

Las tres líneas se cruzan, se chocan, se enredan. Dentro de cada una hay a su vez otras más. Porque todo está interconectado. Es imposible no pensar en Traffic, de Steven Soderbergh, con todo lo bueno y lo malo que acompaña esa inevitable asociación. ZeroZeroZero es ambiciosa y elocuente, combina géneros (drama familiar, narco-thriller, melodrama a la mexicana), con momentos muy intensos y otros de más calma, con un uso del color, los tonos y las texturas sutilmente diferenciado para cada surco narrativo, y con la casi omnipresente música de la banda escocesa de postpunk Mogwai, que le confiere a la ficción un acento solemne e inquietante y que a veces es capaz de levantar emocionalmente una secuencia entera. Hay giros que intentan ser imprevistos y no lo son, aunque mantienen cierta efectividad, persecuciones ya vistas pero igualmente atractivas, violencia despiadada, también ya vista pero igualmente cruel. Hay un realismo brutal y a su vez algunas escenas inverosímiles, personajes y relaciones que aparecen finamente trabajados (la relación entre los hermanos Lynwood) que colisionan con situaciones mal dibujadas (en especial algunos tramos que transcurren en Monterrey). Aunque se intenta que no haya personajes enteramente buenos o enteramente malos, parece que al final los guionistas se decantaron por simplificar y caricaturizar sin remedio.

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